“Falta el consenso social” necesario para los cambios que impulsa el gobierno
Wladimir Turiansky: la visión de un dirigente sindical emblemático en entrevista con "La República" (2007).

En tiempos en que varios gremios se movilizan exigiendo al primer gobierno de izquierda mejoras salariales o exoneraciones impositivas, la primera pregunta que me surge espontáneamente es la opinión del ingeniero Turiansky ¬fundador de la CNT, vicepresidente de la central, ex dirigente comunista, diputado del Frente Amplio entre 1972 y 1973, con diez años de prisión en el lomo¬ sobre el movimiento sindical actual.
No me gusta juzgar a un movimiento sindical del que no formo parte. Lo que pasa en el movimiento sindical es lo que pasa en la sociedad en su conjunto, por lo que prefiero hablar de cómo se forjó la unidad y de nuestras experiencias de entonces. En la sociedad actual hay un deterioro de ciertos valores que dieron fundamento al proceso de desarrollo de la izquierda y del movimiento popular de los años 60 y que tenían que ver con valores como la solidaridad, el compañerismo, la visión del proyecto de país, la construcción de la utopía, que para nosotros no era utopía: estaba a la vuelta de la esquina. Y eso se ha perdido como consecuencia de la dictadura, de los años de gobiernos neoliberales o neoconservadores. Entonces, recuperar esos valores al pensamiento de la izquierda es complicado.¿Y usted no cree que también el derrumbe del campo socialista causó una gran desilusión?
Sí, ese es otro factor. Generó mucha frustración y un retroceso muy serio en la construcción ideológica. Pero más allá de la frustración de una experiencia que para muchos de nosotros fue toda una epopeya que duró casi 80 años, los principios que nos llevaban a adherir a esa causa –como a otras en las cuales la juventud de aquellos años estuvo inmersa– seguían en pie… En todo caso nos sentíamos traicionados porque se habían traicionado esos valores.Sé que desde hace ya unos años, los viernes en el local del PIT-CNT se reúnen veteranos dirigentes sindicales. Cuénteme un poco de esas reuniones.
Las primeras actividades de la comisión tuvieron que ver con una resolución que se tomó en el ámbito del PIT-CNT, de realizar un homenaje a la figura de Gerardo Cuesta con motivo de conmemorarse diez años de su muerte en prisión. Se publicó un libro que se llama “La generación de Cuesta”, escrito por Carlos Bouzas, y se llevó a cabo una campaña solidaria para la erección de un busto de Gerardo en la plazuela que lleva su nombre. Hicimos una campaña financiera entre los sindicatos que tuvo excelente respuesta. Nosotros pensamos que la figura de Cuesta, como la de León Duarte (que ambos dan el nombre al Instituto Cuesta-Duarte) forman parte de una generación de militantes sindicales que desarrolló todo el proceso de construcción de la unidad del movimiento sindical. También encaramos una labor de mantener viva la llama de la unidad, de lo que significó la CNT como construcción colectiva, de desarrollo de un sentimiento de unidad de la clase trabajadora. El movimiento sindical uruguayo ¬influido por los inmigrantes de fines del siglo XIX y principios del XX¬ tuvo tres vertientes doctrinarias, el anarcosindicalismo, el socialismo y el comunismo, lo que le dio un alto contenido ideológico y un sentimiento muy pronunciado de pertenencia a una clase social cuyos objetivos iban mucho más allá de los objetivos inmediatos de la lucha reivindicativa; más allá del salario o de las condiciones de trabajo, estaba la aspiración de construir una sociedad sin explotados ni explotadores.De alguna manera era un movimiento sindical muy politizado.
Sí, sin duda. Fíjese que con la Guerra Fría se produce una ruptura del movimiento sindical mundial, ruptura que se refleja en Uruguay. Por los años cincuenta hay una fuerte campaña anticomunista que se desató por aquellos años; y por otra parte también hubo actitudes estrechas y sectarias de la dirección del Partido Comunista Uruguayo, que pretendía trasladar al movimiento sindical directivas que correspondían a decisiones partidarias y que no siempre tenían por qué ser asumidas por los trabajadores…Estamos hablando de la época de Gómez.
Es la época en que Eugenio Gómez ejerce la secretaría general. El episodio típico de esa situación se genera con la Guerra de Corea, cuando los EEUU intentan promover la participación de contingentes latinoamericanos, y en Uruguay comienza una campaña en ese sentido. Pero inmediatamente surge una respuesta contraria a esa participación, no solo de los comunistas sino también de Herrera, que hace una campaña muy fuerte, cuando dijo aquello de “Allá los rubios y los amarillos del norte”. La dirección del PC promueve un paro general contra el envío de tropas a Corea y contra la agresión yanqui a Corea. Eso estaba bien como consigna pero no se podía imponer a un movimiento sindical que tenía que discutir el tema junto a muchos otros, una decisión administrativa de un partido.Una especie de úcase…
Así es. El paro se realiza pero se producen fracturas en el seno de la UGT; el caso más notorio es el de los textiles. En los cincuenta teníamos un movimiento sindical desarticulado. Teníamos una central sindical dirigida por los comunistas, la UGT, debilitada porque había gremios que se habían ido; una central con influencia de las centrales estadounidenses, la CSU, y luego una cantidad de gremios autónomos. Una gran dispersión, incluso con más de un sindicato por rama de producción, lo que ocasionaba luchas muy duras que llegaban a enfrentamientos violentos.La situación que usted describe me recuerda las luchas internas de los sindicatos en la España republicana y durante la guerra civil.
Sí, pero en España los enfrentamientos tenían mucho más contenido ideológico. Aquí los conflictos eran circunstanciales… claro que los factores ideológicos jugaban, pero eran enfrentamientos coyunturales. Bueno, por el 55 o 56, otro factor viene a incorporarse: la crisis estructural. Termina la etapa de las vacas gordas y es el fin del modelo neobatllista. Desocupación, rebaja salarial…¿Es por entonces que comienza su militancia política?
Yo me afilié a la Juventud Comunista a los 16 años, en el marco de la Segunda Guerra Mundial. El heroísmo del ejército y del pueblo soviéticos generó una corriente de adhesión muy fuerte, una simpatía que se tradujo en la votación del Partido Comunista uruguayo en las elecciones del 46, cuando obtuvo la mayor bancada de su historia: cinco diputados (uno de ellos por Canelones) y un senador. A comienzos de los cincuenta tuve algunas diferencias y me mantuve al margen de la vida política por unos años, pero luego, a través de la militancia sindical, volví a integrarme al Partido. Fui candidato a diputado en el 66 pero no fui electo; entré en la Cámara en el 72.Pero después de la dictadura usted se desvinculó del Partido Comunista.
Actualmente estoy desvinculado del Partido, pero en el 94 me había reincorporado porque pensaba que, a pesar de considerar que era necesario un debate profundo, renovador del pensamiento político de los comunistas (porque algo había pasado, ¿no?), a pesar de eso, repito, me pareció que la vigencia del Partido Comunista tenía razón de ser; no anclado en el pasado sino proyectándose hacia el futuro a partir de un análisis lo más profundo posible sobre el fenómeno que había significado el derrumbe estrepitoso del campo socialista. Cuando la caída de la URSS yo estaba en Cuba, así que viví la experiencia de lo que significó el proceso de caída del campo socialista en relación al proceso cubano; cómo los comunistas cubanos extrajeron de esa experiencia algunas enseñanzas que les permitieron mantener el proceso revolucionario cubano con sus peculiaridades. Y cómo trataron de corregir aquellos errores que provocaron la caída del bloque. Pero volviendo a mi vida política, le digo que participé en un par de congresos del Partido Comunista (congresos poscrisis, el XXIII y el XXIV), hice campaña electoral en el 94, recorrí el interior, me reencontré con compañeros, algunos de los cuales habían abandonado el partido… Yo considero que en el caso particular del PCU había toda una historia, una trayectoria que justificaba su permanencia por el papel que había jugado en todo el proceso de construcción de la unidad. Pero también considero que necesitaba hacer una revisión muy crítica y autocrítica no sólo de su desempeño sino también de su papel en el contexto del movimiento comunista internacional, un análisis de lo que había pasado… Y como esto no ocurrió, y algunas cosas no me convencían desde el punto de vista de la práctica política del Partido, quedé al margen, o ¬como se dice ahora¬ “me autoexcluí”. Alguna vez nos hemos reunido con algunos compañeros para intentar alguna instancia de discusión, pero la cosa no prosperó. De modo que mi militancia actual la desarrollo en el Frente Amplio… Como independiente… Como independiente no, como frenteamplista. No me gusta la palabra “independiente” (se ríe) porque en el Frente nadie es independiente; uno siempre tiene más afinidad con alguno de los grupos, aparte de que en el momento de votar, uno elige una de las opciones electorales… Digamos más bien que soy frenteamplista no sectorizado. Integro el comité de base del barrio, integro la Coordinadora, soy representante de las bases en el Plenario Nacional por Montevideo; y esa es mi militancia… escribo regularmente..Sí, en LA REPUBLICA se han publicado artículos suyos, y ahora lo leo en “Voces del Frente”. Se podría decir que es una suerte de apoyo crítico al gobierno…
No, no. Apoyo crítico, no: apoyo. Yo no tengo apoyo crítico al gobierno porque soy parte involucrada.A mí me parece que decir “yo apoyo críticamente” es colocarse en otro ángulo como diciendo “lo que me gusta lo apoyo y lo que no me gusta, no”. No, con el Frente Amplio yo estoy involucrado, formo parte de él. Peleo en su seno por lo que me parece que hay que corregir, defiendo lo que hay que defender, pero le reitero que no me concibo apoyando críticamente. Ese apoyo crítico uno lo puede entender en organizaciones que son ajenas al Frente, que lo ven desde otro ángulo. Por ejemplo, el movimiento sindical puede tener un apoyo crítico al gobierno, apoyar lo que considera correcto, criticar lo que le parece que está mal; eso le permite mantener su independencia.¿Y usted cree que es esa la postura del movimiento sindical uruguayo, del PIT-CNT?
Ah, eso hay que preguntarles a los dirigentes del PIT-CNT. A mí, personalmente, me parece que el Frente Amplio es una construcción del movimiento popular uruguayo, y en su gestación tuvo un papel predominante la clase obrera organizada sindicalmente. El proceso de unidad que lleva a la construcción de la CNT, a su programa, al Congreso del Pueblo, es el sustento en torno al cual se construye luego la unidad política. Ahora, la unidad política yo la concibo como una síntesis superior del desarrollo de la unidad popular, pues se pasa del plano del acuerdo social al plano del acuerdo político, como un desarrollo en la conciencia popular en cuanto a la necesidad de los cambios, cuáles deben ser… O sea que para mí, que he vivido la experiencia de la unidad tanto en el plano social como en el plano político, veo al Frente Amplio como la materialización de nuestro sueño. Y cuando el FA logra ¬a través de ese consenso ciudadano¬ acceder al gobierno, ah, a mí me parece que entramos en una etapa superior, un escalón, un salto cualitativo. A mi modo de ver, el acceso al gobierno implica un programa y una cierta alianza; en ese fenómeno de lograr una alianza social que sea capaz de ganar a las mayorías nacionales, el programa tal vez ya no sea exactamente el programa radical con el cual trabajamos en el 71, porque esa alianza social implica también ciertos cambios en la elaboración del programa. Por eso yo diferencio el programa del FA como programa transgresor, revolucionario, de lo que es el programa de gobierno de su gobierno. Este programa de gobierno de su gobierno es un paso hacia los objetivos finales. En ese sentido lo siento como propio y siento la necesidad de defenderlo. Si bien en todo el proceso anterior hubo permanentemente una confluencia objetiva entre el desarrollo del movimiento social, sus expresiones populares, sus movilizaciones, sus luchas, y el movimiento político en cuanto a sus objetivos y sus reclamos, la conquista del gobierno nos ha colocado en una situación en la que no hemos logrado construir en torno al gobierno y a sus objetivos, una necesaria base social y política que lo consolide, que lo proyecte hacia adelante, que lo profundice. Es decir, falta el consenso social necesario para estos cambios; en el afán de conservar la independencia ¬que yo considero justa¬ del movimiento sindical, estamos de alguna manera no involucrándonos en un proceso de cambios que nos compete, porque es por lo que hemos estado peleando, porque son nuestros objetivos.Es un equilibrio difícil, ¿verdad?
Sin duda. Fíjese que este no es un gobierno socialista ni que se proponga construir el socialismo; es una etapa de transición, una vía de aproximación. En razón de ello, el gobierno necesita llegar al mayor consenso posible entre los sectores en pugna, es decir entre los sindicatos y las cámaras empresariales. El movimiento sindical tiene todo el derecho del mundo a que se consolide este proceso de libertades y de fuero sindical, de negociación colectiva, que obligue a los empresarios a modificar la conducta que han tenido hasta ahora. En ese tironeo, el gobierno tiene que encontrar el justo equilibrio, y no podemos reclamarle que se coloque en el terreno de los intereses de los trabajadores.Pero en general el gobierno está del lado de los asalariados.
Es cierto, pero también tiene que contemplar los intereses del sector capitalista en la medida que funcionamos dentro de una estructura capitalista. En esta etapa nos interesa la estabilidad económica y el desarrollo productivo con empleo. Lo que nos falta es ese consenso que haga quel movimiento sindical, que es el sector más dinámico de la sociedad, se involucre en este proceso de cambios que pretendemos impulsar desde el gobierno. Hay que tener en cuenta que el gobierno ha abierto una cantidad de espacios para la negociación, pero tal vez la fuerza política como tal no ha sido capaz de lograr esos consensos. Por otro lado, la actitud del movimiento sindical es un tanto pasiva; no ocupa bien los espacios que se ofrecen ni genera espacios para esa interrelación.Tal vez se trate de un poco de corporativismo.
Se habla mucho de corporativismo, pero yo rechazo esa terminología. De lo que nosotros hablamos es de un sindicalismo de clase o clasista. Es un sindicalismo que no se detiene en la reivindicación inmediata de tal o cual sector, sino que mira los intereses de la clase en su conjunto, lo que implica mirar el papel que desempeña la clase obrera en la sociedad. Nosotros nos involucrábamos, y por eso, cuando en el año 65 fuimos al Congreso del Pueblo, fuimos pensando en cómo la clase obrera organizada podría ser capaz de influenciar a otros sectores en la perspectiva de un programa que los abarcara a todos y que admitiera concesiones mutuas. No hay que olvidar que hay muchos sectores cuyos intereses coinciden con los de la clase obrera Y yo tengo la preocupación por que el Congreso del Pueblo y el Congreso del FA que discutirá el programa alcancen la mayor coincidencia posible, ya que eso nos permitiría en una segunda etapa de gobierno avanzar mucho más en los cambios con un mayor consenso social. Pero temo que tengamos dos instancias programáticas enfrentadas, lo que sería un retroceso. La Comisión de Fundadores y ex dirigentes de la CNT, en conjunto con la Fundación Vivian Trías, y con el apoyo del Centro de Estudios Interdisciplinarios Uruguayos, CEIU, han tomado la iniciativa de promover para este mes de noviembre varias jornadas de reflexión en torno al proyecto de país desde una visión de izquierda. Espero que en estas jornadas se plantee un debate enriquecedor luego del cual se llegue finalmente al tan ansiado consenso.Fuente: “La República” (2007)
Te interesará un artículo escrito por Turiansky que publicamos hace unos años:
Y lucha y no dejes de luchar... por un gobierno obrero... ¡¡Obrero y Popular!!
0 COMENTAR :
Publicar un comentario